223 locuraaaaas !

La semana del fallecimiento de Francisco Varallo, máximo goleador bostero del profesionalismo hasta el año 2008, no podía terminar sin que su sucesor, Martín Palermo, convirtiera.
En un tibio encuentro de Boca frente a San Lorenzo, por la quinta fecha del Torneo Apertura, habría que haber hecho un gran esfuerzo para encontrar alguna situación que destacar.
Sin embargo, Martín Palermo es de esos jugadores que siempre facilitan la tarea.
Cuando se supone que el máximo goleador de la historia de Boca tiene que hacer un gol, por situaciones particulares, sean personales o históricas, lesiones o recuperaciones, el máximo goleador cumple.
Todos sabíamos, por ejemplo, que aquella noche de Copa, en mayo del 2000, en su regreso post-rotura de ligamentos, el Titán iba a meterla. Y la metió.
O cuando vimos que entraba por Milito frente a Grecia, en Sudáfrica, sólo pensábamos en cómo festejarlo, porque el optimista del gol no iba a defraudar. Por supuesto que no lo hizo.
La de ayer también fue una fecha especial -como aquellas y tantas otras…-, de esas en que suponemos que el optimista va a aparecer. Y tras 682 minutos de sequía, claro, llegó su gol.
Martín, quizás dentro de muchos años, como ayer a cañoncito, la Bombonera también te reconocerá como aquel goleador impresionante, que homenajeó a su predecesor.



Palermo cortó la sequía después de seis partidos. Pese a que faltaban segundos para que se consumara la caída, lo celebró pidiendo que tacharan el 223 del trapo. bandera...
Definición, grito, beso, tachón.
La sonrisa desentona. El gol de Palermo en el último minuto, más que calmar los ánimos, los enardece. Sirve para que Boca se vaya un poco menos perdedor de su cancha, pero no se celebra como otros: lógico. Es más importante para Martín, que se va con la tranquilidad de haber cortado una racha que, para algunos (no para el DT), ponía en duda su titularidad. Sin embargo, su rostro enojado, a la salida del vestuario, no era el de un goleador que por fin se sacó la mufa, sino todo lo contrario.
Aunque con ese rebote que le dejó servido la mala salida de Albil haya terminado con sus 125 días de angustia y seis partidos completos sin celebrar un gol con la camiseta de Boca, lejos está el Loco de pasar por un buen momento. Si bien es cierto que extraña la presencia de un enganche clásico (o más precisamente, extraña a Riquelme) o al menos de un lanzador que le ponga la pelota en la cabeza, también es cierto que lejos está de tener calibrada la mira. Ayer, ya había tenido una chance, un cabezazo que Luna le sacó en la línea, pero fueron más las veces que perdió de arriba que las que ganó. Desconectado, alejado del resto, sorprendió hasta tomando malas decisiones: con el arco de frente, prefirió tocar para Viatri, el nuevo goleador de Boca, con tres.
Su gol, en otras circunstancias, habría sido celebrado por la gente de otro modo: es el 12° que le convierte a San Lorenzo en 21 partidos, lo que lo convierte en el jugador de Boca que más veces le gritó a ese equipo. Sin embargo, su festejo y su seña para que tacharan su gol 223 en la bandera, desentonaron. Porque, aun con el 1-2, la derrota estaba consumada. A esa altura, ya era muy tarde para festejar.
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